Islandia: La tierra de hielo y fuego

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Publicado por Roberto López

Infatigable trotamundos y amante de la naturaleza

En los últimos años esta isla indómita, perdida en medio del Atlántico Norte ha experimentado un incremento espectacular de su popularidad, algo que una vez que se visita cobra todo el sentido. Antaño una tierra aislada y difícilmente conectada con el resto del mundo, Islandia es ya un destino que resuena en nuestros oídos como uno de esos lugares que debemos visitar al menos una vez en la vida. A buen seguro la famosa erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010 ha ayudado a disparar el interés por Islandia, ejemplo de cómo los fenómenos naturales en ocasiones, lejos de verse como una amenaza, pueden despertar el afán por descubrir nuevas tierras. 

Este laboratorio geológico en constante transformación goza de paisajes sobrecogedores y raramente vistos en otras zonas del planeta, sobre todo en un territorio tan reducido. Geisers activos, enormes campos glaciares bajo los cuales se ocultan fieros volcanes, cascadas de ensueño... y todo ello aderezado por el carácter amable y apasionado de sus habitantes, sin duda influido por la extraordinaria naturaleza que les rodea. 

La carretera que circunvala la isla, la llamada "Ring Road", permite que se puedan visitar los principales puntos turísticos en 8 días, si bien Islandia es un destino que merece la pena explorar con calma. Y aún más importante, es un destino para visitar los 365 días del año, ya que en invierno Islandia muestra también sus mejores galas.

Si se goza de la oportunidad de disfrutar de más de una semana en Islandia, es recomendable explorar algunos de esos paisajes que en ocasiones quedan fuera de los circuitos clásicos, lugares que sin duda no dejan indiferente...

La península de Snaefellsnes dominada por el mítico volcán Snæfellsjökull y al que Julio Verne hizo famoso en su novela "Viaje al centro de la tierra", es un lugar fascinante donde podremos encontrar poblaciones encantadoras como Arnarstapi caracterizada por su rocosa costa de lava o montañas basálticas fotogénicas como la icónica Kirkjufell. Además podréis ¿degustar? la curiosa gastronomía islandesa probando el "hakarl" que no es más que carne de tiburón groenlandés fermentada al aire libre, o llamémosle semipodrida, con un olor extremadamente fuerte a amoniaco y un sabor solo apto para los más atrevidos.

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Otro de los rincones que en ocasiones pasa desapercibido para muchos de los viajeros que visitan Islandia es la zona de los fiordos del oeste si bien es uno de los lugares más espectaculares de la isla, con sus acantilados plagados de avifauna en verano, sus carreteras escarpadas y su aire de fin del mundo lo que hace que sea una de mis zonas favoritas del país. Aquí acuden los frailecillos cada año para reproducirse, especialmente a los acantilados de Latrabjarg, lo que atrae a aficionados al "birdwatching" de todas partes del planeta. Los zorros polares también encuentran aquí su hábitat, especialmente en la zona más salvaje de los fiordos, la maravillosa península de Hornstrandir, convertida en reserva natural. Si nos adentramos en esta región descubriremos lugares maravillosos como las cascadas Dynjandi y llegaremos a poblaciones tan bonitas como Isafjordur o el pueblo eminentemente pesquero de Bolungarvik, enclavado en una bahía espectacular.

El interior de Islandia, solo accesible durante el verano, permite descubrir un escenario impactante, con la caldera de Askja y el volcán de cima plana Herðubreið como puntos fuertes. El paisaje lunar de Askja con su lago de color celeste en el interior del cráter es un reto a los sentidos. Pocos lugares transmiten sensaciones tan indescriptibles

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Las islas Vestmannaeyjar son testigo reciente de la fiereza volcánica característica de este país cuando en 1973 el volcán Eldfell entró en erupción en la isla de Heimaey obligando a evacuar la isla y enterrando bajo sus coladas de lava una parte importante de la ciudad, haciendo crecer la isla por su parte oriental. Situadas a 15 km de la costa sur islandesa, un encantador trayecto en ferry de unos 35 minutos permite pasar por pequeñas islas deshabitadas plagadas de aves (sobre todo en verano) hasta llegar a Heimaey, donde se pueden realizar varias caminatas alrededor de los dos conos volcánicos que dominan el paisaje y descubrir la devastación provocada por la erupción.

Así pues, tanto si te aventuras a hacer un trekking en verano por las increíbles montañas de riolita de Landmannalaugar, como si decides adentrarte en las noches invernales en busca de las auroras boreales, habrás elegido siempre un buen momento para visitar Islandia, y sobre todo, no te habrás equivocado sea cual sea el itinerario que hayas elegido, ya que desde el principio sabrás que este es un lugar único.